Mi padre (1º parte)
Antes de nada, os voy a presentar a mi familia.
Empezaré con mi padre.
Mi padre se llamaba Nicolás II, y en contra de lo que piensen muchos, no fue el último zar de la Rusia Imperial.
El último zar fue mi tío Miguel.
Además del tío Miguel padre tenía otros hermanos: Alejandro (que desgraciadamente solo sobrevivió unos meses), Jorge, Xenia, Miguel y Olga (que sobrevivieron)
Mi querido padre nació en San Petersburgo un 18 de mayo de 1868.
Como todos nosotros, fue educado en la rígida corte, a la vez que era aislado de la agitada y peligrosa situación que había con el reinado de mi bisabuelo, el zar Alejandro II.
Cuando a mi bisabuelo lo mataron (que por cierto, fue por una bomba que le lanzaron a sus pies cuando se preocupaba por los heridos de otra bomba que había explotado momentos antes), mi padre contaba con 13 años de edad.
La imagen del zar, destrozada y moribunda, le acompañaría de por vida
Mi abuelo, subió al poder y él se convirtió en heredero del Imperio.
Creo que mi padre tuvo unas condiciones más duras que nosotras.
A parte de tenerse que duchar todos los días con agua fría y dormir en duros catres, como nosotras, salvo por el hecho de que no dormían en un cuarto de palacio, sino en los cuartos que antes pertenecían a los criados situados en el entresuelo.
Una tortura por la humedad y el frío terrible que debían de pasar.
Como desayuno, tomaban porridge (sopa de leche espesada con harina de trigo).
Pero lo peor de todo, era a la hora de la comida.
Cierto que la comida era muy abundante, pero como se les servía después que al resto de los comensales y la comida se acababa cuando el zar acababa, se quedaban con bastante hambre.
Mi tía Olga contó una vez que se comió su cruz de madera de su bautizo (¿o fue de su primera comunión) del hambre que tenia.
Padre reconocería más tarde que a pesar de ser madera, le había parecido muy rica.
Cuando no pasaban hambre era cuando los zares faltaban.
Entonces si que comían a gusto, incluso se lanzaban el pan (a mi me abría gustado estar en las peleas de pan)
Para ser zar, tenía que estar educado en las convicciones autocráticas (ósea gobierno absoluto) de mi terrible abuelo y la doctrina del origen divino del poder del zar (ahora esto parece muy tonto, pero era lo que había entonces), historia, geografía, matemáticas y hasta de baile. y para ello contó con la ayuda de Konstantin Petrovich Pobiedonostev (me pregunto si era una persona tan encantadora como nuestro tutor Gilliard)
Mi padre tuvo una gran sensación de abandono.
En ocasiones iba de caza o de pesca con el abuelo, pero eran pocas.
Él sentía predilección por el tío Miguel.
Una vez, lleno de amargura escribió en su diario "‘¡No me quieren, solo quieren a mi hermano!".
Y optó por encerrarse en su propio mundo.
Conoció a mi madre en la boda de la hermana mayor de mi madre, Ella y el tío paterno de mi padre Sergio.
Ella tenía 12 años de edad, pero a él no le importó.
Se había enamorado de ella.
Pero no se volverían a ver hasta 5 años después.
Durante ese tiempo, papá cumplió el servicio militar.
Pese a sus privilegios, se llevaba bien con todo el mundo, gracias a su carácter sencillo.
Una vez escribió a mi abuela: "Hacemos ejercicios dos veces al día: por las mañanas hay prácticas de tiro al blanco y simulacros de batalla al atardecer o viceversa'...
Le contó que comía y dormía bien, y jugaba con los oficiales al billar, a los bolos, a las barajas o al dominó."
Lo que no le contó fue que se emborrachaban con champán.
Allí tuvo otro romance, con una judía.
Cuando mi abuelo se enteró, mandó expulsar a la familia de la judía (mi abuelo odiaba a los judíos, en realidad odiaba todo lo que no fuera ruso).
El 17 de octubre de 1888 se libraron de la muerte por bien poco.
Estaban en el tren imperial cuando descarriló cerca de Járkob.
Ellos estaban en el vagón comedor, comiendo tan tranquilamente un budín y el techo se desplomó.
Mi abuelo, con su súper fuerza, aguantó el techo hasta que salieron todos gateando (lo cual me hace pensar que si es cierto lo que dijo tía Olga de que mi abuelo doblaba el atizador de hierro y luego lo volvía a poner bien).
Lo, se mi abuelo daba mucho miedo.
No me alegro de que se muriese, pero si de que no me halla conocido.
Yo no soy precisamente su ideal de persona y lo habría pasado francamente mal.
Pero esa acción produciría sus consecuencias funestas.
El abuelo recibió un pequeño golpe, que empeoró con el esfuerzo hecho.
A partir de entonces, tendría unas molestias que no le dio importancia.
Nicolás contaba con 21 años y mi madre 17 años.
Con la excusa de ver a su hermana Ella, se presentó en Rusia y se volvieron a ver, pese a que a los abuelos no les gustaba.
En especial a mi abuelo, que quería una alianza con Francia.
Y para tratar de evitar el enlace argumento diferencias religiosas. (Él era ortodoxo, ella protestante, y la princesa francesa católica pero en ese caso no pasaba nada, que ironía).
Y a los 22 años conoció a la bailarina Mathilde Kschessinska.
Para evitar que Nicolás se casara con alguna de las dos, fue enviado con el tío Jorge a Japón, Grecia, Egipto y La India.
¿Qué por qué fue mi tío Jorge? Porque estaba enfermo de tuberculosis.
Y La India no fue el mejor destino para su enfermedad.
El tío volvió a casa y el prosiguió de muy mala gana, el viaje.
Cosa que casi le cuesta la vida.
Iba por Japón, por la ciudad de Otsu, cuando apareció un loco con una catana y le propinó un espadazo a su frente.
Gracias a Dios, no fue una herida seria, todo se quedó en un susto y en unos perpetuos dolores de cabeza.
Tras eso, regresó a casa.
El invierno de ese año, mi abuelo enfermó de gripe.
La gripe era una enfermedad bastante grave por aquella época, podía resultar hasta mortal y para colmo, tenía los riñones destrozados, fruto de aguantar el techo de un tren.
Y encima el médico predijo que empeoraría.
Y por eso, se casó con mi madre, porque mi abuelo se moría y quería que al menos no se casara con una bailarina.
Poco tiempo después de la boda, mi abuelo murió.
Las malas lenguas dijeron que ella había detrás de un ataúd como un negro presagio.



